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Se conmemoró el Día Nacional de la Conservación del Suelo

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Sendero de Interpretación Ambiental

El  7 de Julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, en conmemoración del fallecimiento del conservacionista Hugh Hammond Bennet, un reconocido hombre de ciencia dedicado a lograr un creciente aumento de la producción de la tierra a través de su mayor protección. La Fundación Patagonia Natural adhiere a este día poniendo en valor la importancia de dicho recurso natural.

 

El 7 de julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, establecido por decreto del ex Presidente de la Nación, Dr. Arturo Illia en 1963 y en memoria del Dr. Hugh Hammond Bennet. El Dr. Bennet fue un investigador estadounidense que trabajó constantemente en busca de la preservación de la integridad del recurso natural suelo y trabajó para concienciar de los beneficios de su adecuado manejo.

El suelo es un sistema de relaciones de equilibrio, muy complejo. Es una mezcla de minerales, materia orgánica, bacterias, agua y aire. Una mínima variación de uno de sus factores constitutivos, produce reacciones en cadena, repercutiendo en todo el conjunto de su normal funcionamiento. El suelo se forma por la acción de la temperatura, el agua, el viento, los animales y las plantas sobre las rocas. Estos factores descomponen las rocas en partículas muy finas y así van formando muy lentamente el suelo.

Hace décadas, el suelo, a nivel mundial está sufriendo  la pérdida de sus capas más fértiles y, por ende, de gran parte de sus condiciones para producir y preservar su biodiversidad. Estos procesos de degradación pueden ser producidos o acentuados por factores climáticos como aridez durante todo el año, alta variabilidad de las precipitaciones de lluvia, sequía reiterada y, principalmente, por los procesos erosivos resultantes del agua (hídrica) y/o del viento (eólica).

Uno de los principales fenómenos de degradación de los suelos es la desertificación. Ésta se refiere a un proceso resultante de factores antropocéntricos y naturales, como la sobreexplotación de la tierra, el pastoreo excesivo, las prácticas inadecuadas de irrigación, la minería, la tala ilegal y excesiva de árboles, los incendios de matorrales y de bosques, y expansión de la frontera agropecuaria.

Recientemente, Roberto R. Casas, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA ha afirmado “En la Patagonia y la región seca occidental, la problemática de la desertificación es muy compleja y también requiere de políticas adecuadas. El sobrepastoreo extensivo de bovinos, ovinos y caprinos, y el desmonte y uso del fuego en los bosques secos, juntamente con otras actividades antrópicas tales como la petrolera y la minería, han contribuido a incrementar los procesos de erosión y contaminación en estas regiones” (Fuente: La Nación, 03/07/2010).

Las consecuencias de este desastre pone de relieve un doble problema a escala mundial: el ambiental y el socioeconómico. Por un lado, la desertificación amenaza la estabilidad de los ecosistemas; esto implica pérdidas de fertilidad del suelo y su productividad, y también pérdida de sus especies, tanto animales como vegetales. Por otro lado, este deterioro biológico afecta directamente la posibilidad de un desarrollo humano sustentable, poniendo en riesgo la supervivencia del hombre mismo. No hay  que olvidar que el bienestar del suelo garantiza la soberanía alimentaria de las miles de comunidades rurales diseminadas por todo el mundo.

Además, las consecuencias sociales y culturales que arroja esta problemática son tan importantes como las ecológicas. La degradación de las tierras genera permanentes flujos migratorios desde las zonas rurales hacia los centros urbanos. Estos desplazamientos desestructuran familias y generan una importante pérdida cultural autóctona.

Por estos motivos, entre otros, es imperante mitigar los impactos de actividades no sustentables y llevarlos hasta su eliminación para comenzar a incorporar prácticas responsables y verdaderamente sustentables de manejo de suelos. Es necesario mejorar la actividad biológica del suelo, la reposición de su materia orgánica y su humedad, para que éste no pierda parcial o totalmente su capacidad de cumplir con sus funciones ambientales, económicas y sociales que le son inherentes.

 

Más información:

Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) http://www.fao.org/prods/gap/home/principles_1_es.htm

http://www.fao.org/biodiversity/ecosystems/bio-soils/es/

Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable

www.medioambiente.gov.ar/calendario

 

     

 



 

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